Por Pablo Campaña

Hacía una caminata con una amiga que tiene sesenta años y dedicó su vida la a la educación de niños sordos. Hasta hace poco simpatizaba con las políticas estatales a favor de las personas con discapacidad, pero le causan enojo los abusos que el gobierno que ha cometido estos años. No quiere votar por Alianza País para las elecciones presidenciales del próximo año. Aunque no sabe quién puede ser un buen candidato, al menos no tan malo. Pero me aclaró: ‘Por un banquero para presidente, no voto’, refiriéndose a Guillermo Lasso.

Aquel día continuamos andando más bien en silencio, pero me quedé pensando: ¿Cómo surgió esa antipatía casi natural a los banqueros? ¿Tras el Feriado Bancario los banqueros son percibidos como una suerte de antisociales? ¿Se sabe qué hizo exactamente el candidato de CREO en el gobierno de Jamil Mahuad o solo se imagina que estuvo envuelto?

Cientos de miles de ecuatorianos que sufrieron las consecuencias del Feriado Bancario sospechan de los elegantes dueños de los bancos. Tienen temor de que si los banqueros ostentan altos cargos públicos puedan usar ilegítimamente el dinero del fisco o de los depositantes para cubrir obligaciones de las instituciones financieras privadas. Lo que no es claro es en qué en que medida la gente recuerde el rol de Guillermo Lasso durante el salvataje bancario.

De acuerdo al investigador Hernán Ramos, Lasso fue representante de los bancos privados en la Junta Bancaria que actuó en el caso de Banco Continental en 1996 y fue superministro de economía de Jamil Mahuad mientras era presidente (con licencia) del Banco de Guayaquil posteriormente. Presumo que con el paso del tiempo y la complejidad de esos años, muchas personas no recuerden estos hechos concretos. Pero hay una fotografía que muchos ecuatorianos tienen en la memoria y que muestra la posesión de Lasso como miembro del gabinete de Jamil Mahuad en Carondelet.

Fue tomada del 17 de agosto de 1999, aquella mañana Guillermo Lasso escogió una camisa azul y una corbata amarilla para su posesión de superministro. El economista sabía que, sin cumplir los 45 años, se le confiaba dirigir la política económica en medio de la crisis financiera. ¿Quién mejor que un hombre de la banca para saber cómo sanear a la banca? Era la forma de pensar de entonces. Entró al Salón de Sesiones del Gabinete como un jugador recién fichado para un equipo de fútbol que confiaba en él para salvar la categoría. En la presentación, Lasso lucía sonriente y en el momento de mayor distensión el fotógrafo de diario El Comercio aplastó el botón.

Los editores de El Comercio seguramente contaron con distintas fotografías de la posesión del superministro. Para el periódico del siguiente día pudieron escoger una imagen en la que el ex-presidente Mahuad y Lasso tengan expresiones parcas: congruentes con la crisis de un país en que los depósitos ya estaban ‘congelados’. Lo cierto es que este periódico -que realizó una rigurosa cobertura e investigación sobre el Feriado Bancario- eligió una imagen que reflejaba la relación de camaradería y cercanía: en la que se están levantando de la silla y todos ríen.

Seguramente el fotógrafo disparó cuando alguien soltó un chiste, hasta el edecán presidencial sonríe. Pero la imagen va más allá del rol de los dos individuos. Incluso más allá de las acciones del nuevo superministro que duró poco más de un mes en el cargo. El mérito de la foto es que evoca la relación funesta entre la clase política y la élite financiera de aquellos años que provocó la catástrofe económica. Es el retrato de una nube negra que se anticipaba con estruendos cada vez más cercanos. Si los ecuatorianos tienen ese sabor en su memoria el próximo año, Guillermo Lasso tendrá que contentarse con esa fotografía en el salón de Sesiones del Gabinete y no un retrato en el Salón Amarillo.

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