Por Luis J. Beltrán-Álvarez

Puerto Rico ha sido colonia estadounidense, lo que ellos llaman territorio, por 118 años. La isla pasó de ser colonia española a una estadounidense luego de la Guerra Hispanoamericana de 1898, con tan solo algunos meses de haber tenido cierto grado de soberanía bajo la Carta Autonómica. Desde entonces, la isla ha estado sujeta a las políticas del exterior del colonizador, su culturalización y a la dependencia social, jurídica y económica.

Este sometimiento colonial nunca ha sido pacífico, la metrópoli se impuso reprimiendo, asesinando y controlando todas las vertientes políticas, sociales y económicas que se salieran de las coordenadas del colonizador. A pesar de este control colonial, el pueblo puertorriqueño ha sabido luchar, buscar apoyo en foros internacionales y crear redes de apoyos desde las diásporas.

En el apogeo colonial, esta isla del Caribe, un puerto centrado entre continentes, fue el foco de exportación del modelo de desarrollo político, económico y social de los Estados Unidos. Además de explotar a la isla militarmente, utilizando sus islas menores como blancos para bombardeos, fue un modelo para exportar los ‘beneficios’ del capitalismo estadounidense para el periodo de la Guerra Fría y sus postrimerías. Puerto Rico fue, entre los 60 y 70, el modelo de desarrollo económico y político que contradecía aquellas vertientes marxistas, populistas y socialdemócratas que luchaban por el poder en continente americano.

El modelo colonial de Puerto Rico fue el ‘poster child’ del capitalismo y la globalización en el Caribe, pero, como todo modelo publicitario, estaba destinado a morir. Mientras la isla se exportaba como modelo del desarrollo capitalista, en Latinoamérica se imponían las dictaduras y sus Juntas. La armonía colonial estadounidense no solo se dedicaba a tomar nuestros estados nacionales, sino que exportaban su cultura, nos educaban los intelectuales y nos sometían a la tecnocracia neoliberal en posiciones de sumisión.

Luego de la Guerra Fría, tras la victoria del capitalismo, comienza la expansión de aquellos modelos que habían sido implementados de forma más reducidas en sus territorios y los Estados sometidos al golpe militar. Desde ese periodo, donde la manufactura y ensamblaje se muda al exterior de la metrópolis y sus territorios, la isla de Puerto Rico fue dejada al desamparo de un modelo colonial que dependía completamente de las formas de desarrollo pre-globalización.

El modelo colonial de Puerto Rico, aquella propaganda anti soviética, se fue desangrando de las fábricas y los empleos que tanto celebraba el Estado Libre Asociado (ELA). La metrópolis dejó en el desamparo a aquel “Commonwealth” que había vendido frente al Comité de Descolonización de la ONU y se dedicó a observar cómo en la isla nos peleábamos los “issues”. En las postrimerías de la Guerra Fría, Estados Unidos se dedicó a mantener a Puerto Rico rezagado y marginalizado ante el avance de sus modelos, pues, no convenía liberar a la isla hermana de Cuba.

Ante esta coyuntura, Puerto Rico quedó congelado en el tiempo y esto se evidencia en la infraestructura, las clases políticas y las propuestas de la descolonización. En la isla, nos divididos en bandos; mientras unos quieren mantener las cosas bajo el modelo colonial del ELA, otras facciones quieren la ‘unión permanente’ [estadistas] o la libertad [los independentistas]. Mientras en el Mundo se debate sobre la colonización del neoliberalismo en los Estados soberanos; en Puerto Rico, todavía hablamos de mantener la colonización, ser un Estado de la Unión o un Estado libre.

En este juego enfrascado bajo las lógicas del pasado, el país ha quedado a merced del modelo fallido, donde su única salida económica ha sido la colonización neoliberal. Al día de hoy, la isla se sostiene bajo el modelo de trabajos de servicios, una economía subterránea basada en el trabajo ‘irregular’ y en las inversiones extranjeras que se ‘venden’ bajo esta relación única con los Estados Unidos.

En la relación colonial actual con los Estados Unidos, la isla exporta a la metrópolis aproximadamente 51 mil millones al año, mientras esta nos dejan unos 17 mil millones. Puerto Rico bajo las condiciones actuales solo ha podido subsistir, según el orden político colonial, bajo la venta de sus deudas y la inversión estadounidense que se sostiene porque está exenta de contribuciones federales.

uncle Sam debt

Los partidos políticos que han gobernado los pasados 64 años solo se han dedicado a mantener la relación actual y a someter a la isla a las nuevas políticas que provienen del Norte. Estos partidos, el Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD), solo han reseñado y plagiado las políticas coloniales que hacen llegar al pueblo en migajas. Los administradores coloniales han llevado a la isla a la servidumbre, pues sus políticas responden exclusivamente al bienestar de la clase neoliberal criolla y la estadounidense.

En esta nueva fase colonial, se imponen las mismas soluciones que afectan a Argentina (las que Macri revive) y las que someten a Grecia a la Troika. La venta de la deuda pública a los buitres ha sido la política pública que se mantuvo en la isla y la que nos someterá ante el impago. La razón neoliberal es la salida que ha prevalecido y esta es la que nos convierte en bonanza para los buitres. Irónicamente, parecería que el neoliberalismo nos acerca al Mundo libre; pero es aún peor, en realidad, es el Mundo libre el que se aproxima al colonialismo. A mi entender, Puerto Rico nos abre a las siguientes preguntas: ¿El neoliberalismo es colonialismo? o ¿el neoliberalismo es un colonialismo sin Estados?

Aunque Puerto Rico es una colonia, esta es una colonia estadounidense y desde aquí se puede ver cómo se propaga la razón y las lógicas neoliberales a los países soberanos del Mundo. La deuda por sobre 73 mil millones de dólares es impagable y esto es así porque está razonada y organizada para someter a pueblos enteros. Ante la expulsión del pueblo puertorriqueño a los Estados Unidos, los gobiernos locales han creado leyes para repoblar la isla con multimillonarios. Mientras el pueblo es sometido a los impuestos para pagar la deuda, los gobernantes traen millonarios y multimillonarios para que paguen cero impuestos; creando así una nueva ola colonial bajo el modelo de “Safe Haven”.[1]

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Estas políticas neoliberales han encarecido la vida, empobrecido al pueblo y precarizado la vida en la isla. Ante esta encrucijada, el Norte ha llegado a esta conclusión: Puerto Rico se encuentra sin liquidez y la que queda será administrada por el Congreso de los Estados Unidos. Ante la incapacidad del gobierno para generar capital y recortar el gasto, el Congreso estadounidense junto al Tribunal Supremo de los Estados Unidos (TSEU) han orquestado la última estocada al modelo fallido del ELA y al pueblo puertorriqueño.

En las dos semanas pasadas, el Congreso y el TSEU, han eliminado la democracia colonial, la capacidad de irnos a quiebra, la dualidad jurídica (solo la estadounidense tiene prioridad y pertinencia) y nos han dicho con claridad, a nosotros y al Mundo, que engañaron a las Naciones Unidas sobre nuestra condición colonial. Estas movidas políticas y jurídicas vienen con la intención de pagar nuestras ‘obligaciones’ económicas. Pero no solo esto, también nos dicen que primero está la deuda y luego las migajas para el pueblo.

En estos días, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, dominada por el Partido Republicano, pasó el proyecto 5278 o la Ley (Bill) PROMESA. Para ponerlo en perspectiva latinoamericana: el Congreso pasó el equivalente de una Junta Militar, pero esta es una Junta sin golpe de Estado. La llamada PROMESA contempla una “Junta de Control Fiscal” que será manejada por siete hombres blancos nombrados por el presidente de los Estados Unidos. Esta Junta, además de hacernos pagar la deuda, propone leyes antidemocráticas. Algunas de las leyes de la llamada PROMESA proponen: proyectos de desarrollo neoliberal, la venta y privatización de servicios públicos, la destrucción de nuestros recursos naturales (minería, gasoductos, hoteles en costas) y la precarización del trabajo juvenil (proponen bajar el mínimo salarial de $7.50 a $4.25 a menores de 25 años).[2]

Ante el posible impago de 2 mil millones para el 1 de Julio, el pueblo puertorriqueño tiene dos semanas de lucha para frenar el pago de la deuda y la imposición de la Junta. La coyuntura puertorriqueña en estos próximos meses podría ser el pretexto, o modelo político, para proponer la idea de que solo por medio de una Junta, los países deudores, pueden pagar sus deudas. El modelo neoliberal que se impone en Puerto Rico es el pretexto colonial que busca exportarse sigilosamente a los países soberanos. La experiencia argentina y la griega, junto al colonialismo puertorriqueño, revelan que no hay separación o diferencia entre el colonialismo y el neoliberalismo. A pesar de nuestras condiciones, entender estas nuevas colonizaciones pueden vislumbrar una lucha en conjunto desde lo anti-neoliberal y lo anti-colonial. La experiencia puertorriqueña dice al Mundo que no basta la soberanía nacional, que es necesario descolonizar el saber, el poder y el ser. El neoliberalismo se revela ante nosotrxs y, de este modo, quedamos convocados a resistirle y proponer otras formas de vivir.[3]

[1] http://periodismoinvestigativo.com/tag/john-paulson/

[2] [en inglés] http://www.theatlantic.com/politics/archive/2016/06/puerto-rico-news-ruling-promesa/486392/

[3] Para más información sobre la lucha contra la Junta en Puerto Rico: https://juntecontralajunta.wordpress.com/

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